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Criterios

imagen: CRBMC

Los principios básicos de actuación son los siguientes:

Hay que manipular la obra lo mínimo imprescindible para no someterla a tensiones y riesgos innecesarios, y garantizar así la máxima conservación. Se rechazan los tratamientos demasiado intervencionistas.

Hay que respetar los aspectos formales, materiales y estructurales de la obra. Se preservará todo lo que proporcione información sobre el proceso de elaboración de la obra de arte. Antes de eliminar cualquier añadido histórico se estudiará el caso a fondo, documentándolo en profundidad para poder valorar con rigor la decisión.

Previamente a la intervención hay que conocer las causas que han originado el proceso de degradación de la obra. Sólo así se puede actuar de una manera adecuada.

Preservar el mensaje estético de la obra, sin crear un falso histórico. Siempre se tiene que poder diferenciar el original del añadido.
Los sistemas de reintegración utilizados en el CRBMC son: el visible, que busca la unidad dentro de la diferenciación con diferentes técnicas (tratteggio, puntillismo, etc.), el ilusionista y el arqueológico, que atenúa las pérdidas que perturban la lectura, a base de tintas neutras, o mantiene las pérdidas visibles pero suavizadas por diferentes sistemas.
Que la obra acabe en un museo o se destine al culto religioso puede condicionar el tipo de reintegración utilitzada.

Cualquier material añadido se debe poder retirar en un momento posterior. Por ello, hay que conocer muy bien la composición de los productos que añadimos y ver su respuesta a lo largo de los años.

Los materiales empleados en la restauración deben ser compatibles con los componentes de la obra original. Se han de mantener lo máximo posible inalterables en el tiempo. Hay que evitar todo tratamiento que no tenga las debidas garantías y que pueda ser causa de degradación de la obra.

La conservación preventiva consiste en la actuación indirecta sobre el objeto, mediante el análisis y control de las condiciones de su entorno, para evitar, tanto como sea posible, su degradación. Es necesario crear un medio ambiente acorde con las exigencias de durabilidad del objeto. Esto implica el conocimiento del comportamiento físico y químico de los materiales que componen la obra y de su entorno.

Antes de iniciar cualquier intervención directa hay que recoger toda la información disponible: datos técnicos, históricos, artísticos, material de anteriores intervenciones o documentación fotográfica.

Tras la intervención también hay que dejar constancia de los tratamientos con la redacción de memorias o informes técnicos.

La documentación técnica incluirá los datos de la obra, un examen de su estado antes de la intervención, una propuesta de restauración y la explicación del proceso de restauración que se ha seguido. Es importante reunir los resultados de los análisis físico-químicos que se han hecho y el seguimiento fotográfico de todo el proceso.

La conservación-restauración de los bienes culturales muebles es un trabajo en equipo que requiere una metodología científica. Además del conservador-restaurador, intervienen físicos, químicos, historiadores, fotógrafos e incluso, si es necesario, biólogos o arquitectos.

imagen: CRBMC